MARÍA ELÓSEGUI

 
 

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DECLARACIÓN SOBRE LA SOSTENIBILIDAD APROBADA EN ZARAGOZA

Los comités de bioética exigen financiación y «corresponsabilidad» Subrayan la necesidad de promover la formación ciudadana

Representantes de los comités de bioética autonómicos y de España aprobaron ayer en Zaragoza la Declaración sobre Ética y Responsabilidad en la Sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). En la misma se destaca como una de las principales conclusiones que la sostenibilidad no se conseguirá solo con una adecuada financiación, aunque este sea un requisito imprescindible, y apuesta por promover «la corresponsabilidad» de todos los agentes implicados: gestores, ciudadanos, proveedores y medios de comunicación.

Así, considera que las profesiones sanitarias deben asumir la responsabilidad que les corresponde en la sostenibilidad del sistema de salud dado que, en la medida en que toman a diario decisiones con significativas consecuencias sobre la distribución de recursos, se convierten en gestores del sistema.

Y recomienda que se establezcan criterios para la asignación de recursos basados en la equidad y alerta de la tendencia a la medicina defensiva, «que se traduce en un incremento de costes sanitarios que no benefician al paciente y lastran el sistema sanitario», indicaron desde la DGA.

En cuanto a los políticos y gestores, la declaración apunta que es «esencial» potenciar el papel coordinador del consejo interterritorial para «vertebrar el SNS desde el principio de defensa del interés general, con rendición de cuentas y transparencia» y aboga por rechazar las desigualdades injustificadas entre comunidades «que no benefician a nadie y se alejan del interés colectivo».

El documento, rubricado a iniciativa del Comité de Bioética de Aragón, subraya también la necesidad de promover la formación de la ciudadanía y de los pacientes en el uso adecuado de unos recursos «limitados» y llama, en este sentido, a impulsar iniciativas que favorezcan los comportamientos responsables en el consumo de medicamentos prescritos, evitar la realización de pruebas complementarias innecesarias o anular con antelación las citas para consultas que no van a utilizarse.

Declaración sobre ÉTICA Y RESPONSABILIDAD EN LA SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA NACIONAL DE SALUD

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María Elósegui: «Una laicidad positiva, neutral pero amistosa con las religiones, favorece la integración social»

La donostiarra María Elósegui Itxaso forma parte del plantel de 47 expertos independientes que componen la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa (ECRI). Autora de libros como 'Derechos Humanos y pluralismo cultural' o 'El derecho a la identidad cultural en la Europa del siglo XXI', esta Catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad de Zaragoza participa en la elaboración de informes y recomendaciones a los países del Consejo de Europa sobre cuestiones relativas al racismo, la discriminación, la xenofobia, el antisemitismo y la intolerancia. Hablamos con ella a su regreso de Estrasburgo donde la ECRI celebró su reunión anual.

- Desde antes de la última oleada de refugiados e inmigrantes la ECRI venía alertando sobre el aumento espectacular de los discursos del odio y de la xenofobia en Europa. ¿Hay motivo para la preocupación?

- Sin duda que lo hay a tenor del crecimiento que están experimentando los partidos de extrema derecha en muchos países. Son partidos con mensajes simplistas que utilizan a su favor la crisis económica, el aumento de la inmigración y el terrorismo. De ahí que debamos hacerles frente con una argumentación racional y lógica basada en datos rigurosos. Pero junto a eso también deben analizarse las causas de los conflictos. No son problemas planetarios estructurales, irresolubles. Debemos buscar las responsabilidades en ámbitos como los mercados financieros, la actuación de la diplomacia en conflictos como los de Oriente Medio y Oriente Próximo, la utilización de las religiones con fines políticos, la vulneración generalizada del derecho internacional y la irrelevancia de la ONU, el neocolonialismo económico o el mercado del armamento. Decir que el problema del éxodo masivo de Siria, Irak, Libia y Eritrea está causado solo por el ISIS es de una profunda hipocresía.

- Se oye con frecuencia que el problema de la inmigración viene dado porque «no quieren integrarse».

- Cuando los grupos inmigrantes se recogen en guetos o en comunidades aisladas como forma de defender su propia cultura frente a la sociedad de acogida hablamos de 'multiculturalismo cerrado'. Pero esto no es demasiado frecuente. Hay que recordar que durante décadas se abordó la inmigración de forma errónea, con políticas asimilacionistas o tratándola como simple población de paso. Sólo a partir de la década de 1980 en países como Bélgica y Alemania se fue imponiendo un modelo intercultural a mi juicio más adecuado y justo, centrando las exigencias de integración en el conocimiento de los derechos constitucionales por parte de los acogidos y por parte de los acogedores, recíprocamente, respetando sus elementos identitarios.

- Entonces, cuando Angela Merkel afirma que el multiculturalismo ha fracasado, ¿cómo hay que interpretarlo?

- Creo que se refería al peligro de guetización o de falta de inclusión social si no se toman medidas para exigir la integración en unas normas comunes. Conviene recordar que durante años no hubo voluntad política de facilitar a los inmigrantes en Alemania la adquisición de la nacionalidad ni tampoco planes para su integración. Pero desde el año 2000 el país se ha tomado en serio el fomento de la interculturalidad mediante medidas legales concretas. En la actualidad, casi el 20% de la población total de Alemania es de origen inmigrante y de ella más de la mitad posee la doble nacionalidad.

- Usted defiende un modelo de integración que ha denominado 'Republicanismo intercultural'. ¿En qué consiste ese modelo?

- Todos los Estados y regiones pueden construir en sus territorios un entramado de instituciones y desarrollar sus lenguas comunes siempre que respeten las siguientes reglas que son características del modelo intercultural: la integración en los valores constitucionales ha de hacerse desde el respeto a la libertad de los individuos y no ser coercitiva; se debe uniformar el espacio público sólo en lo imprescindible y en cuestiones sustantivas relacionadas con los derechos y libertades constitucionales; no se admitirán cortapisas al ejercicio de las libertades políticas ni a la crítica al propio Estado y a la cultura dominante; la adquisición de la nacionalidad se basará en el respeto a las leyes y a la Constitución y no en criterios raciales, étnicos o religiosos, y los requisitos de admisión han de ser claros, reglados jurídicamente y uniformes en todo el país. En definitiva, se deben reconocer los derechos de las minorías tanto autóctonas como extranjeras que pertenecen al propio Estado.

- Esta Navidad la asociación de alcaldes de Francia ha recomendado que, por respeto a la laicidad, no se instalen belenes en los recintos municipales, lo que ha generado un amplio debate. ¿No hay un exceso de escrúpulos con signos que son religiosos pero también -o incluso principalmente- son culturales?

- Francia y Turquía son los dos únicos países del Consejo de Europa que aplican un modelo de estricta laicidad. El resto mantiene, en diversos grados, una neutralidad abierta y amistosa con las religiones. Lo aconsejable es educar en la visibilidad de las diferencias culturales y religiosas y respetarlas. Esto incluye, en nuestro caso, enseñar también la cultura y la religión cristiana en sus bases históricas a todos, al margen de las clases de religión que son optativas. El pasado octubre el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, de Podemos, asistió a la ofrenda a la Virgen del Pilar. Fue muy criticado pero él, según me expresó personalmente, lo hizo porque se considera el alcalde de todos los zaragozanos. Con esto no quiero decir que aplauda la mezcla de política y religión, debe haber separación, pero sin animadversión hacia las religiones como fenómeno social y cultural.

- En el otro extremo están quienes piden el reconocimiento de determinados derechos confesionales: horarios ajustados a sus rezos, separación radical entre sexos, dietas especiales, uso de prendas como el hiyab... ¿Conviene establecer unos límites o hay que negociarlos en cada caso?

- Hay una larga tradición jurídica que marca los límites entre lo legalmente aceptable y lo que no lo es. Lo exigible a todos son los derechos constitucionales. Se ha sido inflexible en no cambiar la legislación en temas como la igualdad de la mujer o la institución matrimonial, pero en otros puntos se está intentando flexibilizar: por ejemplo, en los servicios públicos para acomodar razonablemente los horarios, alimentación y ritos de los ciudadanos de distintas religiones. No se puede tratar todo jurídicamente del mismo modo. Hay ámbitos en los que cabe mayor apertura e incluso ello es exigible en sociedades democráticas dentro del derecho al ejercicio de la libertad religiosa y del pluralismo.

- ¿Cuál debe ser nuestra actitud con esas minorías que conciben la vida y las relaciones humanas de manera distinta?

- En Europa se habla mucho de tolerancia pero nos cuesta admitir en igualdad al diferente. Por ejemplo, hay espacios que son racial y religiosamente muy homogéneos: el funcionariado, la judicatura, los partidos políticos, etc. El hecho de que una persona muestre externamente su religión no tiene por qué distanciarnos. En general, a todos nos importan las mismas cosas, con independencia del peso que tengan las prácticas religiosas en nuestras vidas. Yo creo en un Estado aconfesional, con una laicidad positiva y una posición neutral pero amistosa en relación con las religiones: ello permite una mayor integración de las personas con convicciones religiosas en el espacio público, ya sean musulmanas, cristianas o de cualquier otro credo.

- En relación a lo que venimos hablando, ¿cómo ve a la sociedad vasca?

- Encuentro que se habla muy poco de inmigración pese a que es una realidad cada vez más viva entre nosotros. Hay que evolucionar hacia una ciudadanía inclusiva, compatible con el mantenimiento de las tradiciones, y realizar un mayor esfuerzo de acogida.

- En sus libros usted anima al cultivo de tres virtudes cívicas: la escucha, la comprensión y el diálogo. No parece un mal punto de partida...

- He abogado siempre por un humanismo cívico que promueva la educación en virtudes políticas y derechos humanos desde la escuela pero sin caer en adoctrinamientos. En cuanto a la comprensión y al diálogo, se debe aplicar también a nuestra propia sociedad, entre vascos y vascas. Todavía queda recorrido por hacer en un diálogo abierto y con libertad después de tantos años de terrorismo y de miedo a expresarse.